Cuando habla el cuerpo

Director clínic y psicoterapeuta de la Unitat de Psicologia i Psiquiatria del Consultori Mèdic Carbonés de Sant Vicenç dels Horts
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Actualizat: Dc, 08/05/2013 - 3:37pm

     A raíz de la publicación del anterior post, algunas personas me han preguntado cómo puede saberse si tras una sintomatología física puede estar escondiéndose una causa emocional.

     Lo cierto es que no es fácil responder en unas pocas líneas a esta pregunta. Como explicábamos en nuestro escrito, el factor físico y el psicológico son indisociables. Hoy  sabemos que la conflictiva emocional puede expresarse a través de múltiples síntomas corporales (cardiovasculares; dermatológicos; musculares; digestivos y un largo etc.), dependiendo de la predisposición a enfermar de cada persona.

     ¿A quién no le ha dolido la barriga antes de un examen? ó ¿Quién no ha tenido una contractura cervical tras una temporada de mucho estrés? Estas manifestaciones puntuales se consideran normales. Pero la cosa cambia cuando la tensión psíquica se cronifica y el desplazamiento al cuerpo se convierte en la modalidad habitual de respuesta frente a esa tensión.  La  situación entonces se  complica y nos podemos encontrar ante  los siguientes escenarios:

  • En algunas ocasiones, la tensiones internas o externas que padece un individuo bastan por sí mismas para producir una alteración funcional en el organismo (arritmia; hipertensión…). Pudiendo incluso llegar a causar una lesión en un órgano (por ejemplo, una ulcera).
  • En otras ocasiones, lo emocional participa de forma enmascarada, agravando un cuadro físico preexistente y obstaculizando su remisión (constipados que no se llegan a curar nunca; procesos alérgicos; etc.).

     Sin ser exhaustivo, hay algunos indicios que pueden ponernos sobre la pista de la participación de una causa emocional en cuadros físicos:

  1.  En personas que no acostumbran a verbalizar sus emociones es posible que el “dolor emocional” se registre y exprese como dolor físico.
  2.  Cuando alguien ha sufrido un golpe vital importante sin que éste haya “salido hacía fuera” y poco ó incluso mucho tiempo después, ésta persona debuta repentinamente, con algún síndrome clínico.
  3.  Frente a cuadros físicos que no siguen una evolución lógica y cuyas mejorías y empeoramientos no parecen seguir una pauta predecible medicamente.
  4.  En los casos en que una persona está muy frecuentemente enferma (aunque no sea de gravedad) sin que haya una causa medica clara para ello.

     En todos los casos, es fundamental que el médico lleve a cabo una buena exploración, en la que junto a las pruebas objetivas, realice también una buena entrevista atendiendo a las circunstancias vitales y anímicas del paciente.