Psicología y Crisis (IV): Vacío interior y necesidad de desear

Director clínic y psicoterapeuta de la Unitat de Psicologia i Psiquiatria del Consultori Mèdic Carbonés de Sant Vicenç dels Horts
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Actualizat: Dg, 16/06/2013 - 6:50pm

     La sensación de vacío interior es constitucional en el ser humano. Todos la experimentamos de una u otra forma. En cierto sentido incluso podemos entender nuestras vidas como todo aquello que hemos ido haciendo para responder a esta sensación y  apaciguarla (estudiar; trabajar; casarnos; tener hijos; comprar una casa y luego otra; componer una canción; escribir este post…). Y justamente de eso se trata.

    Percibimos que algo no está bien resuelto y acabado en nosotros. Este sentimiento de incomplitud nos acompañará a lo largo de nuestra vida. Hay quienes  lo experimentan de forma más aguda, y les resulta angustiante, incluso insoportable, viéndose compelidos (a veces compulsivamente) a procurarse continuas satisfacciones  para “llenarse” (coleccionar aventuras amorosas; darse atracones de comida; comprar compulsivamente…), pero el “agujero” solo se tapa por un rato y luego se vuelve abrir. Este hecho está en la base de muchos síndromes psicológicos, por ejemplo es fundamental para entender las adicciones y las dependencias emocionales.

     Pese a que la gran mayoría de las personas logran soportar mejor el vacio interior, aún así para muchos es fuente de insatisfacción, ya que tendemos a pensar que lo bueno es siempre lo que nos falta y en general nos cuesta amar lo que tenemos.

     Como ya he comentado en algún post anterior, la propuesta del capitalismo y la sociedad de consumo encaja perfectamente con este aspecto de la condición humana y ha tenido (por decirlo de alguna manera) el acierto de prometer la complitud por la vía de la acumulación del objeto dinero ó por la vía de las satisfacciones consumistas: “consume y dejaras de sentir lo que te falta”;  “Si aún no te sientes lleno es que aún te falta más dinero ó más objetos. Sigue consumiendo ó acumulando”. Promesa que nunca se cumple y que justamente por ello se relanza sin fin.  Anhelamos el  lleno, ignorando que satisfacer el deseo es lo mismo que matarlo. Afortunadamente estamos a salvo, ya que el deseo por definición nunca se puede satisfacer del todo.

     Hoy, en plena crisis económica,  es un poco más fácil poner al descubierto la trampa del consumo. Si abrimos bien los ojos, vemos más claro que nunca el negro de la mentira que asoma bajo la harina blanca en la patita del capitalismo. Pero  he aquí la paradoja. Todos hablamos de cambio de ciclo; de la necesidad de un consumo más racional y sostenible; etc.…. No obstante, sorprendentemente no hay visos de cambio por ningún lado, sino terca obstinación en repetir. “No podía ser”; “era mentira”; etc. nos decimos y acto seguido cerramos los ojos y volvemos a caer en el engaño. Queremos que nada cambie. Nos comportamos como un niño pequeño al que se le ha resquebrajado el paraíso infantil cuando ha descubierto quienes son los reyes magos y que aún así, insiste en permanecer en su antigua creencia. No hay cambio, solo empuje sordo y ciego a la repetición. Queremos salir de la crisis haciendo más de lo mismo. No se trata simplemente de  un problema de falta de imaginación. Ni de que no haya alternativas. Lo que ocurre es que hay una fuerza que nos impele  a repetir, bajo el pretexto de que nos vuelvan a aceptar en el paraíso infantil del que nos han expulsado.

     No obstante, hay otra opción. Si descubrimos que la sensación de "FALTA" que define al ser humano y atraviesa su vida no es una maldición que tenemos que exorcizar tapándola con objetos, sino al contrario, todo cambia.

     La salida de la crisis no tiene porque pasar por tapar otra vez el agujero de la “falta en ser” por la vía de la acumulación y el consumo. Tampoco se trata de quedarnos en la privación y en el padecimiento de sus dolorosas consecuencias.

     Al contrario, si convertimos la "FALTA" en causa de deseo (en aquello que nos hace desear), de entrada ya no la experimentaremos como pura privación y al mismo tiempo tendremos un motor fabuloso para la vida y de paso, una vacuna contra la depresión, ya que la depresión en el fondo, no es otra cosa que la pérdida del deseo. Estaremos respondiendo entonces al vacío desde la ética del ser y no del tener (deseo de aprender; de mejorar…).

     En este sentido recomiendo ver la entrevista que Jordi Évole  le hizo a Jose Luis Sampedro, donde éste habla de la necesidad de invertir en la “riqueza interior” como alternativa a la mera acumulación de bienes.

http://www.lasexta.com/videos-online/noticias/cultura/salvados-entrevista-jose-luis-sampedro_2013040900020.html

     La vida es como el ajedrez chino, para que se pueda jugar tienen que haber” huecos” sin ocupar. No hay deseo sin vacio.

     Como le dijo el oráculo a Ulises “disfruta del viaje que Ítaca no creas que es gran cosa”. Y sabemos que el "viaje" si es algo, es deseo.