¿Quién manda aquí?

Director clínic y psicoterapeuta de la Unitat de Psicologia i Psiquiatria del Consultori Mèdic Carbonés de Sant Vicenç dels Horts
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Actualizat: Dj, 28/11/2013 - 12:01pm

     Cada vez al ciudadano de a pie le cuesta más entender y confiar en las instituciones que en teoría le representan. Éstas, últimamente le han fallado ya en demasiadas ocasiones y de forma grosera. Además, en la era de internet los mecanismos de control estatal no son tan eficaces a la hora de ocultar las propias vergüenzas.

     Probablemente no hay clamor más peligroso para una democracia que el ya entonado frente al congreso no nos representáis. Sin embargo la sordera institucional es mayúscula y mientras las clases dirigentes, incapaces de hacer una reflexión honesta y lucida, se aferran a un inmovilismo férreo como respuesta, la gente va aumentando su crispación. Se ha convertido en algo cotidiano ver como salen a la calle diferentes colectivos (educación, sanidad, afectados por la hipoteca, los preferentistas, etc.). Es obvio que las cosas se están haciendo mal en el fondo y en las formas. ¿Por qué?.

     En la época de las monarquías absolutas todo el poder político se concentraba en la figura del rey. Se suponía que en la democracia la soberanía residía en el pueblo, que se expresaba a través de sus instituciones, las cuales garantizaban además la separación de poderes. Pero, ¿en la actualidad donde reside el poder?. La respuesta es sencilla: Todo poder reside finalmente en el poder financiero (éste es el nuevo rey). Ésta creo que es la mejor clave para entender el mundo moderno. Al final, resultó que la globalización era eso.

     Stéphane Hessel en sus dos manifiestos (“indignaos” y “comprometeos”) nos alerta de que éste totalitarismo del capital, es el más difícil de combatir que hemos conocido hasta ahora (no enarbola una bandera; no se ubica en un territorio; no tiene rostro). Es anónimo y global.

     No obstante, la sociedad europea no acaba de reaccionar. ¿Esta anestesiada ó noqueada?. Es difícil saberlo. Pero recuerda a estos volcanes que de repente se activan sin acabar de erupcionar. Quizás ésta es una buena metáfora de nuestra situación. Aún no se ha producido la catarsis social. Sabemos por experiencia que éstas son siempre peligrosas y habitualmente negativas. ¿Pero podemos producir cambios de verdad sin una revuelta social?. La Historia nos dice que no. Ojala se equivoque.

     Aún así, el lado  ilusionante del asunto es que estamos ante la tarea épica y la oportunidad romántica de crear un nuevo modelo de sociedad. Se ve claro que ha de ser la propia ciudadanía la que asuma este reto y se organice,  ya que los partidos políticos por sus lealtades y sus inercias, son más parte del problema que de la solución.

      La esperanza puede estar en las primeras células, que desde la base de la sociedad se están formando, como por ejemplo: El movimiento espontaneo del “11 M” que aglutinó la primera respuesta ciudadana frente a los abusos del poder; ó La “Plataforma para la hipoteca” que ha luchado con éxito por abolir una ley ilegal e inconstitucional que se ha estado aplicando mientras los políticos miraban hacia otro lado; ó la “Asamblea Nacional de Catalunya” que nos ha enseñado cómo es posible organizarse desde abajo para cambiar las cosas ó sin ir más lejos, la candidatura popular que tratan de impulsar Teresa Forcades y Arcadi Oliveres desde su activismo social…

     La tarea es faraónica; los resultados inciertos; pero no importa, porque el intento es obligado.