Casos paranormales de Sant Vicenç dels Horts: La dulce niña de largas trenzas asesinada en los años 50 que se aparece en el Pino gordo

Actualizat: Dll, 11/11/2013 - 10:19am

Algo enigmático y extraordinario perpetúa en el Pino gordo la memoria de un infanticidio que no quiere ser olvidado.

Son muchos quienes dicen que entre la oscuridad de la noche han visto aparecerse una especie de neblina de forma humana en los alrededores del Pino gordo de Sant Vicenç. Hay quien lo ha descrito como "algo parecido a una niña blanca sin pies" o un "enchapuchado volador"... Lo cierto es que en los años 50 sucedió un infanticidio en esa zona y quizá "algo enimágtico y extraordinario perpetúa su memoria". Marisol Roldán, psicóloga y periodista especializada en la investigación de fenómenos anómalos, nos explica este caso: 

“Hacia el año 2000 yo ya había recogido un sinfín de alertas de mis vecinos de Sant Vicenç de que estaban viviéndose nocturnos fenómenos paranormales en el parque del Pino gordo, pues desde décadas atrás ya había informaciones, murmuraciones, rumores y leyendas del lugar, pero en un principio cometí el error de prejuiciar a los testimonios por su juventud. Sin embargo, fue en el 2000 cuando los vecinos me confirmaban para cámaras de televisión que efectivamente algo aparecía allí: a veces, corre algo parecido a una niña blanca sin pies. Otros describen un encapuchado volador sin pies. Siempre en el mismo punto. Siempre la misma acción. Alguien, algo enigmático y extraordinario perpetúa la memoria de un infanticidio que no quiere ser olvidado. Juguetes, pelotas, teléfonos móviles se desplazan entre los curioso fiesteros nocturnos que sabiéndolo, o no, están allí cuando el fenómeno se produce. ¿Existe? ¿Es real? ¿Hay un fantasma infantil en el parque del Pino gordo?

Lo cierto es que sabemos que lo siguiente sucedió: eran los años 50. En la zona del Pino gordo de Sant Vicenç dels Horts algunos barceloneses habían instalado su segunda vivienda. Venían cada fin de semana buscando el aire de la montaña, entre casas salteadas aquí y allá, construidas lentamente. Algunos terminaban enamorándose del ambiente y sociedad vicentina de tal manera que cuando podían se venían a vivir definitivamente. Así sucedió a un matrimonio con una niña de trece años.

Cada día el padre iba a Barcelona y la pequeña bajaba al pueblo a la escuela donde la habían matriculado, recorriendo el camino antiguo del original pino gordo, que se quemó hace unos años, y donde en la actualidad se encuentra uno de los muros del parque.

Una tarde, la pequeña, de trenzas largas, vestida con uniforme escolar bajó a la escuela como cada tarde pero no fue un día más porque… ya no regresó a su casa como habría sido en un día más. Su madre, preocupada, esperó a la llegada de su esposo, y con los vecinos bajaron y subieron y subieron y bajaron al pueblo buscando a la pequeña. La llamaban en la oscuridad de la noche, sin obtener respuesta. La respuesta ya era imposible: alguien la había silenciado para siempre, un desalmado la violentó y le clavo unos alicates en su tierno cráneo para que no lo delatará en el futuro.

Los policías locales en conjunto con los de Barcelona llevaron el caso. Y se archivó en la capital, con culpables, pero sin repercusión mediática.

Y desde entonces y hasta hoy en día, en el parque del Pino Gordo hay perros que ladran a la nada. Sobre las dos de la mañana se forma una densa neblina humanoide en noches de invierno. Nube blanca que hace helar los alientos de los presentes. Esta quieta entre el pasillo del que fuer un bar (hoy cerrado por incendio) y la pequeña muralla que sirve de mirador, y de repente bajo los atónitos presentes esa niebla asciende y en un vuelo rápido pasa por sus cabezas desapareciendo hacia la zona de los viejos pinos, siguiendo el viejo camino que un día hubo. Ahí, donde hoy se encuentra el parque del Pino gordo, un parador verde y maravilloso, pulmón de un pueblo, mirador natural de día, que de noche puede encerrar misterios”.

Texto de Marisol Roldán