Psicología y Crisis (II): Otra felicidad es posible. El Amor como Ética

Director clínic y psicoterapeuta de la Unitat de Psicologia i Psiquiatria del Consultori Mèdic Carbonés de Sant Vicenç dels Horts
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Actualizat: Dg, 24/02/2013 - 9:33pm

     Hace ya algunos años, alguien preguntó al padre de psicoanálisis Sigmund Freud, como podíamos saber que un individuo estaba sano. Freud sorprendió con su respuesta, lejos de descolgarse con  complicadas explicaciones teóricas, se limitó a decir algo así como que si alguien era capaz de trabajar; disfrutar y amar, entonces podíamos considerarle sano.

     En el post anterior me ocupé del trabajo. Hoy lo haré del amor. Pues no es únicamente un destacado indicador  de  la salud, sino también, una de las fuerzas más poderosas para recuperarla una vez se ha perdido. Amar es terapéutico.  Si algo he aprendido como psicólogo es que todos los pacientes mejoran cuando aprenden a amar y a amarse (quererse como son; no adorar un ideal de sí mismos).

     Probablemente la palabra “amor” sea una de las más usadas, pero también de las peor empleadas. Se utiliza frecuentemente para nombrar sentimientos que nada tienen que ver con el amor, como por ejemplo la necesidad de posesión del otro; la dependencia emocional; etc. En este sentido, podríamos incluso decir, que a menudo se llama “amor” justo a la incapacidad de amar. Y es que el diccionario de los sentimientos puede retorcerse tanto como para llegar a designar con una palabra su contrario.

     Amores hay de muchos tipos: Amor al otro (amigo; pareja; prójimo); a los animales; a la naturaleza; amor a una causa o idea… La lista sería larga. Pero en todos los casos, en el fondo  se trata siempre de lo mismo; de trascender el narcisismo y el egocentrismo. Algo difícil en una sociedad competitiva e individualista como la nuestra, en la que el individuo es el rey (aunque cada vez más, un rey destronado).

     La “lógica económica” del amor es paradójica y contraria a la economía común. En el amor se enriquece mucho más el que da que el que recibe. Es muy agradable sentirse y saberse amado, pero el botín es mucho mayor para el que ama que para el amado. Aún así, muchas personas se aferran al deseo de ser amados. No obstante, es un hecho probado que los pacientes con importantes carencias afectivas solo mejoran cuando descubren que su “vacio” no se cura llenándolo con el amor del otro; ni acudiendo a la comida; ni comprando muchas cosas… Si no al revés, se cura dando lo que a ellos mismos les falta. Dando lo que no tienen.

     A veces uno tiene la sensación de que lo que debería haber permanecido en el plano de la ética. Es decir, de lo que mueve a la acción y le da un sentido a ésta, cada vez más se ha ido desplazando al campo de la estética: Lo importante ya no es amar; sino estar enamorado y si es posible al estilo del cine de Hollywood (probablemente los verdaderos inventores del amor moderno).El amor se ha convertido en una sensación efímera; en una foto y en última instancia, en un consumible más.

     Pero hoy en día, cuando la promesa de la felicidad individual por la vía de la acumulación; el consumo y las satisfacciones hedonistas (que nos trajo la revolución industrial con la producción masiva de objetos de consumo), está en serio entredicho, por no decir directamente en banca rota, se abre una interesante posibilidad de volver a pensar las cosas. ¿Sabremos como sociedad otorgar  a la capacidad de amar su papel de crecimiento y trascendencia del individuo, que tanto necesitamos?. El reto es apasionante. ¿Estaremos a la altura?.