Psicología y Crisis (III): Juventud, ¿divino tesoro?

Director clínic y psicoterapeuta de la Unitat de Psicologia i Psiquiatria del Consultori Mèdic Carbonés de Sant Vicenç dels Horts
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Actualizat: Ds, 30/03/2013 - 11:32am

     Cada día es más frecuente recibir en consulta a jóvenes (y no tan jóvenes) con problemas de apatía y anhedonia. Suelen experimentar grandes dificultades para sostener esfuerzos encaminados a conseguir metas a medio ó largo plazo. Nada parece motivarles lo suficiente como para poder perseverar en el esfuerzo, superando los contratiempos que inevitablemente aparecerán en un momento u otro. Cada frustración amenaza con ser letal. Al mismo tiempo, la capacidad de disfrutar de la vida está también afectada y muy a menudo queda reducida a satisfacciones inmediatas y vinculadas al acto de consumir. Es como si no pudieran abonarse a la vida y encontrar un lugar para habitar en la sociedad, desde donde construirse un futuro.

     La causa de estos cuadros es múltiple  y debemos buscarla a diferentes niveles:

     Las cosas empiezan a gestarse desde bien pronto. Un primer momento decisivo lo encontramos en el establecimiento de los primeros vínculos afectivos con el bebé y en el proceso de crianza. Mi colega y compañero el Dr. Jordi Torner ha dedicado al estudio de este aspecto gran parte de su labor profesional. Fruto de ello son los talleres preventivos de “preparación al parto” y de “juegos de falda” que lleva a cabo desde hace muchos años  en el Centre Laforja (www.centrelaforja.com).  Establecer desde el comienzo unas buenas bases es muy importante y nos ayudará a lo largo de  todo el ciclo educativo.

     El desarrollo de un individuo es un proceso complejo y expuesto a múltiples riesgos. La adolescencia será otro momento capital. Para entender mejor el sentido y la importancia de este periodo y los desafíos que comporta, recomiendo un excelente libro escrito por mi colega y amigo Xavier Ametller que lleva por título “Emprender el propio camino. De 15 a 18 años” (editorial Síntesis). En él se analizan en detalle pero de forma amena las claves de esta etapa.

     Ahora bien, creo que el fenómeno no acaba de entenderse por completo sin realizar una reflexión a nivel social. El adolescente es como un diapasón. Debido a su particular sensibilidad, las incongruencias y paradojas de la sociedad vibran y se reflejan en él de una forma única. Ello nos permite, a condición de soportar el vértigo que puede provocarnos, mirarnos en ese espejo a nosotros mismos y juzgar la sociedad que entre todos le legamos.

     Cada época y cada sociedad produce sus propios síntomas y sus propias formas de malestar. Si la postguerra con sus privaciones, generó una clínica de depresión y carencias afectivas; hoy podemos establecer una relación entre el declive de las figuras de autoridad y el aumento en la actualidad, de los cuadros de angustia; trastornos del comportamiento; hiperactividad y  fobias.

     "La sociedad de la opulencia" (John Kenneth) con su saturación de objetos de consumo efímeros generó una dificultad para desear. Se tenía todo y ya (bienes de consumo; relaciones sexuales en la adolescencia; excesiva libertad…). No hay tiempo suficiente para desear algo y consiguientemente luego tampoco paciencia para conseguirlo. De un mundo configurado por palabras, hemos pasado a uno cada vez más dominado por imágenes, donde el zapping es el síntoma de una sociedad nerviosa y sin tiempo para escuchar.

     Una preocupación: La era de la opulencia parece estar dando sus últimos coletazos. ¿Cómo harán estos jóvenes para adaptarse a la nueva época que sin duda vendrá después de la crisis? Quizás, en el problema está incluida la solución.