Maragall

Analista político
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Actualizat: Dj, 22/05/2014 - 11:55pm

Como en todos los ámbitos de la vida, generalizar te suele llevar a equivocación pero, aun conociendo personalmente a muchos políticos honrados y trabajadores, creo que no faltaría mucho a la verdad si digo que la política, en general, no es un lugar donde la ética y la decencia se suelen cultivar en demasía.  Aunque existen por supuesto también en la empresa privada, es en la vida pública donde la falta de escrúpulos y los trepas campan a sus anchas.

Dicho lo anterior, en la vida política existe de igual forma un código ético y moral que, al menos la enorme mayoría, no suele traspasar. A pesar de lo que muchos piensan, no todo vale. O, mejor dicho, no todo debería valer. La exhibición pública que ha hecho ERC de un Pasqual Maragall con la mirada perdida, sujetado por Junqueras y dando la impresión de no saber muy bien dónde estaba ni a qué película le habían llevado, me ha parecido tan falto de vergüenza como repugnante a partes iguales.

Si bien es cierto que su distanciamiento del PSC ha sido paulatino durante todos estos años, no deja de ser significativo que proclamó haber roto el carné de militante tan solo un día antes de anunciar su enfermedad. Es decir, ya padecía Alzheimer cuando, por voluntad propia o no, decidió romper con su pasado. Cuentan que su esposa, Diana Garrigosa, que no pudo reprimir sus ansias de protagonismo allá por el 2006 al romper su carné, ha tenido mucho que ver en esa asistencia. De la misma forma, su hermano, Ernest Maragall, una persona que no tiene asumido el concepto ‘coherencia’, no ha dudado en servirse de la figura del ex líder como si del propio Cid Campeador se tratase.

Desde Esquerra se escudan en que ha sido la propia familia la que ha querido que Maragall asistiese sin que ellos hubieran tenido nada que ver. Jamás sabremos si esto sucedió realmente así, pero, aun en el hipotético caso de que así fuese, la actitud de ERC, con Oriol Junqueras a la cabeza, ha sido deleznable. Utilizar políticamente a una persona enferma, exhibirla como solían hacer antiguamente con los prisioneros de guerra y darse un baño de multitud, aprovechando la circunstancia, para atacar al antiguo partido de Maragall, es de las cosas más bajas de las muchas que he visto en política durante todos estos años.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. En Sant Vicenç ya sabíamos de la falta de escrúpulos de Junqueras. Esperemos que este vergonzoso acto haya servido para que el resto de Catalunya también se haya dado cuenta.